
Cuando supe que me convertiría en madre, siempre le pedí a Dios dos cosas: poder parir de forma natural y ser capaz de lactar a mí bebe. Había escuchado tantas historias de mujeres que decían no haber podido amamantar que casi me llegue a creer que la capacidad de amamantar era un regalo sobrenatural que a algunas madres les tocaba y a otras no.
Tan interesada me vi con el tema de la lactancia que en un momento estuve más preocupada por la lactancia que por el parto mismo. Me informe tanto sobre el acto de amor tan grande que es amamantar que no quería perdérmelo. Era el acto de amor mas sublime, generoso y desinteresado que podría ofrecer a mi hija y estaba decidida a pedírselo a Dios con todas mis fuerzas para que me regalara esta bendición.
Respetando a quienes por las razones que fuesen no amamantaron a sus bebes (algunas con razones realmente validas), luego de mucho leer en Internet supe que en gran medida aquello del don sobre natural que le toca solo a algunas y que otras simplemente “no pueden” no era mas que un mito, una mentira que nada tenia que ver con la realidad y que en la practica, gran parte de nuestra capacidad de amamantar es básicamente como muchas cosas en la vida: una elección. Una elección, que igual puede necesitar por ende su cuota de determinación. Lo eliges, y luego te aplicas para ello por que nadie ha dicho jamás que sea fácil y a esto también hay que agregarle “como todo en la vida” y “como en todos los comienzos”…
No quedo articulo en la web sobre lactancia que no leyera. Me informe, y teniendo la herramienta de la información ya dominada, pude hacer frente a las opiniones de terceros cuando quisieron venir a decirme lo que debía hacer con mis tetas y creyéndose los mas enterados, venir a decirme lo que era bueno para mi y para mi hija. Ya yo sabía lo que era lo mejor: amamantar hasta que YO lo decidiera.
Nunca faltaran las presiones de terceros, siempre aparecerá quien quiera dar su opinión y consejo, sin embargo, la decisión de amamantar a los hijos es una decisión PERSONAL que toda madre debe tomar a la luz del pensamiento y sentimiento de lo que entienda que es mejor para sus hijos y debe ser respetada por sus amigos, familiares y por la sociedad. De hecho, debe ser respetada hasta por el mismo pediatra del niño pues el pediatra es un proveedor de salud, mas nunca debe tener la palabra final que implica el rol de padre. En este sentido recuerdo que llegados los 4 meses de Ivana la doctora me dijo que era momento de comenzar con la alimentación complementaria y fue mi decisión el elegir que yo -tal cual dicen los libros y según la organización mundial de la salud (OMS)- le daría lactancia exclusiva hasta los 6 meses, y ella, lo respeto. En los controles de 5 y 6 meses Ivana iba tan bien de peso y crecimiento como cualquier otro niño.
Pero la verdad sea dicha, la lactancia implica ciertos sacrificios. Cuando Ivana tenía alrededor de 2 meses y medio y sabia que el momento de yo entrar a trabajar se acercaba, decidí iniciar la labor de hacerle un banco de leche, pues la leche materna congelada puede conservarse hasta por 6 meses, así que cada día en la mañana me ayudaba de un maravilloso extractor eléctrico doble (extracción en cada lado al mismo tiempo) que una amiga me regalo, me extraía (inicialmente) unas 5 onzas diariamente y las congelaba. Mi nevera llego a parecer la de cualquier vendedora de helados!.
Gracias a este banco de leche y a que la guardería de Ivana quedaba muy cerca de mi trabajo (y yo pasaba a amamantarla al mediodía), pude lograr mi cometido de darle el seno exclusivamente hasta los 6 meses. Pasado los 6 meses comenzamos a introducir otros alimentos suaves que poco a poco formaron parte de la dieta. Aun así nunca deje de extraerme la leche pues mi deseo era evitar tanto como se pudiera el introducir leche artificial de formula o en polvo. Tanto cuando estuvo en la guardería como cuando llego a vivir con nosotros su nana, la leche que les dejaba era la que me extraía aun cuando ya ella comía un montón de cosas más, pero leche, solo la de mama.
No puedo explicar con palabras lo que ha significado para mí la experiencia de la lactancia. Es un acto de amor sin igual, es un momento de entrega. Mas allá de todos los beneficios alimenticios y de salud que representa la lactancia, llega un momento que ya no se trataba del hecho de alimentarla, pues a decir verdad ni tanto quedaba en esas tetas. Se trataba más bien de NUESTRO TIEMPO. Ese momento sagrado madre-hija. El momento de reconectar, de prodigarnos cariño, de sentirnos cerca, de mirarnos a los ojos, de decirnos de mil maneras que nos amábamos, de que ella sintiera el calor de mama y mama sintiera el placer de disfrutar a su bebe grande en brazos, de que se sintiera segura, de que en medio del ritmo acelerado de la vida, hubiese un tiempo para nosotras. Y me lo disfrute con locura, lo viví al máximo.
Ivana prácticamente apenas dejo la teta, desde noviembre poco a poco la fue dejando. En el proceso de transición había días que días en que al parecer las recordaba con nostalgia y me pedía que la pusiera a la teta, yo la ponía y ella se quedaba sin succionar solo sintiéndose segura, tranquila y amada en brazos de mama.
Lo nuevo ahora es que Ivana me diga: “a ve mami” y quiere que le muestre las tetas…cuando le muestro, ella las mira, se ríe y la guarda y dice “a ve la otra mami” la mira, se ríe y la guarda…yo creo que en su interior solo quiere asegurarse que siguen allí, aunque ella ya no las use…
Tan interesada me vi con el tema de la lactancia que en un momento estuve más preocupada por la lactancia que por el parto mismo. Me informe tanto sobre el acto de amor tan grande que es amamantar que no quería perdérmelo. Era el acto de amor mas sublime, generoso y desinteresado que podría ofrecer a mi hija y estaba decidida a pedírselo a Dios con todas mis fuerzas para que me regalara esta bendición.
Respetando a quienes por las razones que fuesen no amamantaron a sus bebes (algunas con razones realmente validas), luego de mucho leer en Internet supe que en gran medida aquello del don sobre natural que le toca solo a algunas y que otras simplemente “no pueden” no era mas que un mito, una mentira que nada tenia que ver con la realidad y que en la practica, gran parte de nuestra capacidad de amamantar es básicamente como muchas cosas en la vida: una elección. Una elección, que igual puede necesitar por ende su cuota de determinación. Lo eliges, y luego te aplicas para ello por que nadie ha dicho jamás que sea fácil y a esto también hay que agregarle “como todo en la vida” y “como en todos los comienzos”…
No quedo articulo en la web sobre lactancia que no leyera. Me informe, y teniendo la herramienta de la información ya dominada, pude hacer frente a las opiniones de terceros cuando quisieron venir a decirme lo que debía hacer con mis tetas y creyéndose los mas enterados, venir a decirme lo que era bueno para mi y para mi hija. Ya yo sabía lo que era lo mejor: amamantar hasta que YO lo decidiera.
Nunca faltaran las presiones de terceros, siempre aparecerá quien quiera dar su opinión y consejo, sin embargo, la decisión de amamantar a los hijos es una decisión PERSONAL que toda madre debe tomar a la luz del pensamiento y sentimiento de lo que entienda que es mejor para sus hijos y debe ser respetada por sus amigos, familiares y por la sociedad. De hecho, debe ser respetada hasta por el mismo pediatra del niño pues el pediatra es un proveedor de salud, mas nunca debe tener la palabra final que implica el rol de padre. En este sentido recuerdo que llegados los 4 meses de Ivana la doctora me dijo que era momento de comenzar con la alimentación complementaria y fue mi decisión el elegir que yo -tal cual dicen los libros y según la organización mundial de la salud (OMS)- le daría lactancia exclusiva hasta los 6 meses, y ella, lo respeto. En los controles de 5 y 6 meses Ivana iba tan bien de peso y crecimiento como cualquier otro niño.
Pero la verdad sea dicha, la lactancia implica ciertos sacrificios. Cuando Ivana tenía alrededor de 2 meses y medio y sabia que el momento de yo entrar a trabajar se acercaba, decidí iniciar la labor de hacerle un banco de leche, pues la leche materna congelada puede conservarse hasta por 6 meses, así que cada día en la mañana me ayudaba de un maravilloso extractor eléctrico doble (extracción en cada lado al mismo tiempo) que una amiga me regalo, me extraía (inicialmente) unas 5 onzas diariamente y las congelaba. Mi nevera llego a parecer la de cualquier vendedora de helados!.
Gracias a este banco de leche y a que la guardería de Ivana quedaba muy cerca de mi trabajo (y yo pasaba a amamantarla al mediodía), pude lograr mi cometido de darle el seno exclusivamente hasta los 6 meses. Pasado los 6 meses comenzamos a introducir otros alimentos suaves que poco a poco formaron parte de la dieta. Aun así nunca deje de extraerme la leche pues mi deseo era evitar tanto como se pudiera el introducir leche artificial de formula o en polvo. Tanto cuando estuvo en la guardería como cuando llego a vivir con nosotros su nana, la leche que les dejaba era la que me extraía aun cuando ya ella comía un montón de cosas más, pero leche, solo la de mama.
No puedo explicar con palabras lo que ha significado para mí la experiencia de la lactancia. Es un acto de amor sin igual, es un momento de entrega. Mas allá de todos los beneficios alimenticios y de salud que representa la lactancia, llega un momento que ya no se trataba del hecho de alimentarla, pues a decir verdad ni tanto quedaba en esas tetas. Se trataba más bien de NUESTRO TIEMPO. Ese momento sagrado madre-hija. El momento de reconectar, de prodigarnos cariño, de sentirnos cerca, de mirarnos a los ojos, de decirnos de mil maneras que nos amábamos, de que ella sintiera el calor de mama y mama sintiera el placer de disfrutar a su bebe grande en brazos, de que se sintiera segura, de que en medio del ritmo acelerado de la vida, hubiese un tiempo para nosotras. Y me lo disfrute con locura, lo viví al máximo.
Ivana prácticamente apenas dejo la teta, desde noviembre poco a poco la fue dejando. En el proceso de transición había días que días en que al parecer las recordaba con nostalgia y me pedía que la pusiera a la teta, yo la ponía y ella se quedaba sin succionar solo sintiéndose segura, tranquila y amada en brazos de mama.
Lo nuevo ahora es que Ivana me diga: “a ve mami” y quiere que le muestre las tetas…cuando le muestro, ella las mira, se ríe y la guarda y dice “a ve la otra mami” la mira, se ríe y la guarda…yo creo que en su interior solo quiere asegurarse que siguen allí, aunque ella ya no las use…
“la no lactancia en algunos casos se debe a que algunas mujeres solo
piensan en ellas, su físico, su trabajo, sus tiempos, sus libertades, y como la
lactancia a veces invade esos terrenos en una mujer, ahí es donde ellas hacen
una "elección" y se quedan con ellas, frente a la maravillosa experiencia de
entregarse por su bebe a ese mundo que es la lactancia. Una lastima, se pierden
algo maravilloso. Anonimo”